Introducción

Carlota y su hijo enfermo de cáncer viven con una pensión de US$50 mensuales. Luciano necesita un marcapasos, pero la intervención cuesta más de lo que ganan él y su esposa en un año. Pilar, una hija y seis nietos habitan una champa que amenaza con derrumbarse. Carlos es analfabeto. No fue a la escuela porque empezó a trabajar en el campo con seis años. Faustina tuvo cuatro hijos de cuatro violaciones.

Carlota, Luciano, Pilar, Carlos y Faustina son personas que superan los 60 años, adultos mayores que han quedado privados de los derechos, libertades, capacidades y oportunidades más esenciales.

Son las víctimas de un sistema que se ocupa de los que tienen y olvida a los que son. Ellos son los sobrantes, los desechables, los desposeídos de los que habla Martín Caparrós en El Hambre, y no solo porque viven en pobreza, sino sobre todo porque son viejos.

Son mano de obra barata que se ha quedado obsoleta. Están agotados, rotos. Son inservibles, inexplotables. Son los últimos de la fila. No le importan a nadie. Son los descartados.

Descartados es un retrato de la pobreza y la exclusión social de las personas adultas mayores de la ruralidad salvadoreña y está motivado por una doble convicción que inspiró a Eduardo Galeano a escribir Las venas abiertas de América Latina: la realidad se puede cambiar y la primera condición para cambiarla es conocerla.

En consonancia con esa doble convicción, este humilde libro tiene tres ambiciosos objetivos.

Primero, visibilizar el abandono y las duras condiciones de vida de decenas de miles de personas mayores de El Salvador, sin olvidar que en Centroamérica son centenares de miles y en el mundo, millones.

Segundo, humanizar a los descartados, darles nombre, rostro y voz para superar las frías estadísticas de esos informes polvorientos que se amontonan en los ministerios. Es incluso necesario, como apunta William T. Vollman en Los pobres, insistir en lo obvio: ellos no son ni más ni menos humanos que tú o que yo, así que merecen la misma dignidad que exigimos para nosotros mismos.

Tercero, movilizar. Mostramos para indignar, pero con el propósito de cristalizar la indignación en una reacción comprometida. No apelamos solo a los descartados, sino a los que algún día lo serán y, sobre todo, a los que seguramente no lo serán nunca, pero no están dispuestos a tolerar que otros lo sean. Nos dirigimos a quienes pueden y, principalmente, a quienes deben. Nos vale cualquier gesto solidario, pero ambicionamos la contundencia y la eficacia de esa reacción egoísta que, como cuenta Caparrós, se produce cuando miles deciden que hacer algo por los otros es hacer algo por ellos mismos.

Si te preguntas “qué puedo hacer yo” para contribuir a la lucha por la dignidad de las personas mayores, deberías ver el apartado específico que hemos creado en descartados.org, la web del libro en la que además publicamos buena parte de su contenido y noticias relacionadas.

Carlota, Luciano, Pilar, Carlos y Faustina son solo cinco de los protagonistas de este trabajo que nos llevó a visitar 55 hogares de 15 comunidades rurales del municipio de Tecoluca (San Vicente), en la región salvadoreña del Bajo (río) Lempa.

En esta región azotada por la pobreza y la guerra, que destaca por sus innovadores procesos de desarrollo, se creó en 2005 la Asociación Rural de la Tercera Edad (ARTE) para responder a las necesidades de los ancianos. El conocimiento que la organización ha atesorado durante una década de trabajo en estas comunidades nos permitió seleccionar casos representativos de las privaciones que sufren las personas mayores en la ruralidad salvadoreña. Con la guía y el aval de los líderes comunitarios de ARTE documentamos historias a las que no habríamos tenido acceso de otra manera.

Así, durante octubre y noviembre de 2016 entrevistamos y fotografiamos a cerca de un centenar de personas mayores en situación de pobreza y exclusión, detectamos las carencias más sentidas y las organizamos en cinco dimensiones, convertidas finalmente en los cinco capítulos que estructuran el libro: ingresos, salud, hábitat, educación y género.

Cada capítulo está encabezado por un párrafo que contextualiza las imágenes y sus pies de foto. Las personas retratadas están identificadas con su nombre, su edad y la comunidad en la que viven. Sus testimonios dan cuenta de luchas contra la pobreza, la enfermedad, el abandono, la soledad y el maltrato, son relatos de resistencia, coraje y fe, pero también de impotencia y resignación ante las adversidades. El libro cierra con un breve epílogo fotográfico enfocado en las esperanzas, las luchas y las negociaciones de sus protagonistas.

 

Marc Espín