Prólogo

Las personas adultas mayores de El Salvador están descartadas. Pese a darlo todo por la familia, la comunidad, el municipio y el país en tiempos de guerra y durante el proceso de construcción de paz y democracia, la mayoría de los ancianos están abandonados por el Estado. En una reciente encíclica, el papa Francisco también se refirió a los ancianos del mundo como los “descartados”.

En El Salvador hay 825 mil personas mayores de 60 años.[1] De estas, solo 200 mil tienen una pensión que, salvo contadas excepciones, se mueve entre US$50 y US$350 mensuales. Las 625 mil restantes no reciben ningún ingreso del Estado, a pesar de haber trabajado toda la vida por salarios de hambre, sin cotizaciones a la seguridad social ni a las pensiones.

PRÓLOGO

Según los índices de envejecimiento global, en 30 años habrá más personas mayores en el país que menores de diez años.[2] Sin embargo, el Estado no actúa preventivamente y con ello condena a la miseria a buena parte de la población adulta mayor actual y venidera. Es necesario un nuevo sistema de pensiones con un abordaje estructural, integral, solidario, justo, sostenible y vitalicio y no salidas cortoplacistas basadas en cálculos electorales.

El sistema de salud del país solo cuenta con diez geriatras y ocho de ellos atienden en hospitales privados a precios inasequibles para la mayoría de la población. Las personas mayores sufren y mueren por enfermedades tratables. Persisten la mala calidad y la falta de calidez en el trato al paciente. Predomina el enfoque de la medicina curativa con muy poca prevención. Se actúa sobre los síntomas y no sobre las causas.

El Gobierno ha hecho cambios estructurales positivos en salud pública, pero son insuficientes. Las personas mayores siguen excluidas, mientras el Estado se gasta cerca de US$50 millones anuales en pagar con fondos públicos seguros médicos privados de lujo.[3]

El nivel educativo de las personas mayores es muy bajo. Pese a los esfuerzos gubernamentales, la tasa de analfabetismo nacional se mantiene en dos dígitos. Esto evidencia que en los regímenes anteriores ni la empresa privada, ni la iglesia, ni los partidos ni los gobiernos se interesaron por facilitar el acceso masivo y de calidad a la educación.

Hay prestaciones y servicios públicos (pensiones, transporte…) disponibles para las personas mayores de 70 años, cuando lo justo y normativo es que estos derechos entren en vigor a partir de los 60 años.

Demasiadas personas mayores carecen todavía de un hogar digno. Las ciudades, viviendas, parques, calles, aceras y oficinas públicas y privadas no están adaptadas a las necesidades de la tercera edad.

Los planes de emergencia y de gestión de riesgos del Estado no incluyen a las personas mayores como sujetos activos ni antes, ni durante ni después de un evento.

Se vive y se sufre en silencio el maltrato y la violencia física y psicológica en los diversos ámbitos de la vida.

Estos y otros indicadores evidencian el fracaso de un Estado incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de los adultos mayores. El Gobierno no puede utilizar el argumento de la escasez presupuestaria para justificar la inacción, mientras se derrocha dinero público. Y es que aunque el grueso de los tomadores de decisiones supera los 60 años de edad, viven en una burbuja de privilegios inmorales que los aleja de su pueblo.

Ante esta difícil situación, las personas mayores organizadas no han cejado en su empeño de exigir dignidad en los diversos ámbitos de la vida. Su lucha ha permitido avances como la aprobación gubernamental de la Convención de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ahora está en manos de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, la nueva ley y la nueva política nacional del adulto mayor llevan años estancadas.

La Asociación Fundación para la Cooperación y el Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES) ha tenido un papel activo en el proceso de conquista de derechos. Uno de sus logros es la creación de la Asociación Rural de la Tercera Edad (ARTE), un modelo que, tras más de una década de exitosa autogestión en la región del Bajo (río) Lempa, se replica en todo el municipio de Tecoluca y en otros territorios rurales y urbanos de El Salvador.

El libro que tienes en las manos es un proyecto ideado e impulsado por ARTE y materializado gracias a la entrega desinteresada de un equipo internacional de profesionales comprometidos. Su objetivo es poner cara a las cientos de miles de personas mayores en situación de pobreza y denunciar el abandono al que los ha condenado la sociedad y el Estado. Esperamos que esta obra contribuya a la lucha por la dignidad de los descartados aquí, en El Salvador, pero también en Centroamérica y el mundo.

Utilicemos el poder de nuestra organización, nuestra unidad, nuestra lucha y nuestro voto para premiar o castigar a los partidos políticos y presionarlos para que actúen con moral y ética.

¡Por otro país y otro mundo posibles, necesarios y urgentes que incluyan a todas las edades!

Emilio Espín Amprimo

Fundador de ARTE.
Coordinador de la Coalición Nacional por la Dignidad de las Personas Mayores en El Salvador.
Miembro del Equipo Nacional de Conducción de CORDES.

———

[1] Tribunal Supremo Electoral de El Salvador (2015).

[2] HelpAge (Índices de envejecimiento global, 2015).

[3] Según el diputado salvadoreño Juan Valiente en unas declaraciones recogidas por La Prensa Gráfica el 4 de enero de 2017.